https://www.paypal.com/cgi-bin/webscr?cmd=_s-xclick=PNMDY4F6J8BEC

martes, 5 de mayo de 2009

EL CONQUISTADOR DEL CIELO


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 


Como siempre, mi mente estará recordando amigos y amigas, aquellos días de mi niñez en que en el segundo piso del palacio municipal de Lerdo tenían guardados los restos del Conquistador del Cielo, el avión con el que triunfó Francisco Sarabia Tinoco. Yo me subía al fuselaje de ese avión y creo que ahí comenzaron mis sueños de volar. Luego fué mi padre el que construyó el monumento dónde ahora descansa el avión, a la entrada de Lerdo sobre el Boulevard Miguel Alemán.


Francisco Sarabia dijo: "Por la grandeza de mi patria triunfaré"

Por eso recuerdo al héroe de héroes de la aviación mexicana, Francisco Sarabia Tinoco.

El valiente y esforzado capitán Francisco Sarabia, figura legendaria de la aviación mexicana.

La espesura de la noche empezaba a envolver todo con su negro ropón, creando tanto desencanto como la aguja del medidor de combustible que se recostaba suavemente en la posición de "vacío". Apenas a lo lejos, un tenue destello aparecía; se acrecentaba poco a poco y se transformaba en un racimo de miles de perlas tan brillantes como pequeñas. Cada perla de luz representaba una alegría, la motivación y la esperanza de llegar a la meta. Al bravo aviador, entumido tras más de diez horas recluido en el seno de su avión, le parecía sentir latir su corazón con mayor fuerza que los casi mil caballos del vital motor que, cumplidamente, impulsaba al bólido aéreo hasta el centro de la tupida colmena de luces, que daban ya forma reconocible a las calles, edificios y monumentos de la bulliciosa ciudad de Nueva York.

Un breve chillido, después, metálicas y espaciadas vibraciones al tiempo que se ahogaban los últimos suspiros de la fuerza de sustentación que abandonaba al avión, con suavidad magnánima, mientras éste se movía sobre la pista cada vez más despacio, hasta detenerse ante una multitud expectante que estalló en júbilo al dar la hélice sus últimas brazadas. El héroe, casi exhausto, pero con una sonrisa radiante y gentil, era jalado por cientos de manos cálidas hacia el núcleo de aquella masa de almas emocionadas y conmovidas, donde distinguió el rostro de seres queridos, pero volvió por un momento la mirada y la feliz sonrisa hacia su montura alada, compañera de 3,781 Km de aventuras y peligros, y como con una caricia suave y amorosa, pasó su mano sobre el liso fuselaje, adornado con grandes letras góticas que rezaban: "Conquistador del Cielo". Imagen poderosa y elegante de un icono del cenit de la era de los grandes hazañas de la aviación, el inmortal Q.E.D. "Conquistador del Cielo", brioso corcel aéreo de don Francisco Sarabia en su vuelo de marca mundial México-Nueva York en 1939.

Francisco Sarabia Tinoco, con su famoso monoplano R-6H Q.E.D., había cumplido con la palabra empeñada, alcanzando para México, ese 24 de mayo de 1939, la marca mundial de velocidad entre el legendario campo de Balbuena, en la ciudad de México, y el célebre campo Floyd Bennett de la ciudad de los rascacielos. Esta hazaña lo encumbró hasta la cima de la popularidad, convirtiéndolo en el ejemplo más puro del esfuerzo, el profesionalismo y la valentía de un pueblo que palpita en sus jóvenes; en Estados Unidos lo llegaron a llamar el "Lindbergh mexicano", mas para sus connacionales no tenía igual, era el gran "Pancho" Sarabia, aventurero pero hombre cabal, maestro de generaciones ya legendarias de pilotos comerciales, impulsor del desarrollo del Sureste mexicano con su progresista, rentable y vital empresa de aviación, Transportes Aéreos de Chiapas, operada totalmente por manos mexicanas en una época en que con gran voracidad, los extranjeros controlaban mayoritariamente las aerolíneas del país. Pero el destino tenía preparado para Sarabia escalar un peldaño más: alcanzar la inmortalidad, entregándose a las frías aguas del río Potomac.

El 7 de junio de 1939 en Washington, Sarabia, tras pagar una visita de cortesía al presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, en la que le entregó una carta del presidente mexicano, general Lázaro Cárdenas, que estrechaba cálidamente los lazos de amistad entre los dos países y daba por cumplida su misión de buena voluntad, enfiló proa a la patria, sin saber que enfrentaba su último vuelo...

¡Increíble! Una estopa, una maraña sucia de aceite, sin forma definida, impersonal, se convirtió en artero y cruel asesino, estrangulando al avión, privándolo de respirar el vital aire de forma tan furtiva que nadie pudo advertir el peligro. Los últimos espasmos del motor, luchando inútilmente por su vida, hicieron darse cuenta al intrépido "Pancho" que algo andaba muy mal, justo cuando quedaba atrás la pista del campo aéreo Bolling y enfrente un espejo ineludible de apacibles aguas que le retaba a hacer gala de toda su pericia, ¡y la pericia sobraba en manos de este aviador! Con la tranquilidad ganada a pulso en infinidad de vuelos, Sarabia administró con maestría las ultimas energías del avión, al que posó, con el motor y la hélice inertes, silbando suavemente, sobre el agua. El tren de aterrizaje perturbó la paz del río, que respondió con una zancadilla suplicante, la máquina tropezó, pero no violentamente, sino con elegancia, descansando casi de cabeza, con la trompa y la cabina engullidas por las aguas que traicioneramente impidieron el rescate del héroe mexicano. El avión casi no sufrió daños, Sarabia realizó a la perfección el acuatizaje de emergencia, pero quedó en una trampa mortal que le robó el aire como la estopa a su motor.

¿Por qué parece que nuestros más queridos personajes tienen que morir trágica y prematuramente para ser apreciados en toda su dimensión? Francisco Sarabia Tinoco, en vida orgullo de una nación y tras su muerte gran ídolo de nuestro pueblo, vio la luz primera en Ciudad Lerdo, Durango, el 3 de julio de 1900. Hoy su memoria sigue viva, ahí, en su ciudad natal, donde su fiel compañero, erguido elegantemente en imponente silencio, con su figura robusta, como si estuviera listo a emprender una nueva aventura en cualquier momento, el "Conquistador del Cielo" parece esperar leal y pacientemente a su amo, rindiendo tributo a las hazañas y aventuras de los más grandes aviadores de la historia. También me hace recordar a mi señor padre que fue quien construyó el monumento para EL CONQUISTADOR DEL CIELO.

lunes, 4 de mayo de 2009

SEDONA, ¿DONDE QUEDA ESO?


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 

Que hermoso es recordar todos estos anécdotas que nos ocurren en nuestra larga vida CON LAS ALAS EN EL PECHO, es por esto que animé a abrir este Blog y poner aquí mis recuerdos desde que decidí ser piloto aviador, hasta el día que tuve que colgar mis alas.

Como se habrán dado cuenta, desde mediados de febrero de 1972 hasta junio de 1978 estuve comisionado en el Hangar del Secretario de la Defensa Nacional, en todo este tiempo no tuve la oportunidad de disfrutar de vacaciones normales. Por lo tanto, cada vez, que no teníamos que volar en nuestro equipo (para mi el MU-2J) por causas de fuerza mayor (esto era cada vez, que el material de vuelo entraba en mantenimiento, sobre todo cuando se tenía que llevar a Dallas Texas) entonces pasábamos a formar parte de la orquesta, en forma económica y de esto, lo sabía el jefe del hangar y el jefe de ayudantes del Secretario. Como Los tripulantes por nave estábamos muy centrados en nuestros equipos, podemos decir que éramos muy independientes, cada uno del otro, como si fuéramos unas pequeñas escuadrillas que se dedicaban solo a su equipo. Los pilotos del Jetstar se dedicaban al cuatrirreactor, los del DC-6 al FAM 10014, Tavares y Monsalve al Helicóptero y Don Julio y un servidor al turbohélice. 

En uno de estos descansos orquestales, por haber dejado al MU2-J en Dallas y haberme regresado a México, quede libre por tres semanas. Yo ya le había hecho varios vuelos a Don Fausto Celorio en su MU2-J, sobre todo vuelos rápidos, como por ejemplo llevarlo a Acapulco, Monterrey, Guadalajara o a Vallarta, y regresarme con su avión a México, y cuando estuviera libre regresar por él.

Pues bien, después de regresar por línea comercial de Dallas, donde dejamos al michumichi en reparación por un mes y me puse a tocar en la orquesta, y Don Fausto me pidió que lo llevara a un vuelo largo, de ocho días por todo México y la parte sur de Estados Unidos.

Permítanme decirles quien era este Fausto Celorio, el fue el inventor de las máquinas para hacer tortillas de maíz, el también invento las láminas de cartón corrugado, esas láminas acanaladas de cartón negro. El era hermano de Sofía Bassi, la protagonista de aquel hecho celebre del conde de Aquarone, donde él murió en la casa que Don Fausto tenía en Acapulco. Muchas veces lleve a Don Fausto en su mitsubishi a ciertas ciudades cercanas al D. F. que tenían pista de aterrizaje para ver como funcionaban sus máquina para hacer tortillas. Siempre que volaba el avión de Don Fausto me acompañaba un piloto muy joven sobrino de él, que estaba volando un Cessna 172, que no estaba capacitado para el turbohélice, pero sabía contestar por el radio y hablaba muy buen inglés.

Pues en este viaje de ocho días, se iba a hacer de México a Nogales, de ahí a los Ángeles, luego a Alburquerque, para continuar a San Antonio en Texas, y seguir a Nueva Orleáns y llegar finalmente a Orlando, regresar a Houston, en cada una de estas ciudades íbamos a pernoctar y de ahí a México, por lo tanto las pernoctas iban a ser siete. Yo con mucho cuidado estudié toda la ruta, analicé todas las aerovías que iba a ocupar en toda la ruta, separé del Jeppsen todas las entradas y salidas, sobre todo de los aeropuertos americanos 

El viaje fue de esta manera: Salimos al día siguiente de mi regreso de Dallas, primero fuimos a Querétaro, Morelia, Tepic, Obregón y Nogales, ahí pernoctamos. En cada ciudad mientras yo lo esperaba en el aeropuerto, él, su ayudante, el Teniente Coronel americano de apellido Guinchard, que trabajaba en la Embajada de Estados Unidos y su sobrino se iban a determinada tortillería, revisaba la máquina y regresaba al aeropuerto para continuar. Esa tarde terminamos en Nogales Sonora, cerré plan de vuelo y abrí el nuevo para brincar solo la frontera y dormimos en Nogales Arizona.

Al día siguiente salimos muy temprano hacia el aeropuerto de Nogales Arizona y volamos a Yuma y de ahí a Los Ángeles. Don Fausto me dio la dirección donde su sobrino y yo nos íbamos a hospedar, este era un hotelito que queda en Marina del Rey. Antes de abandonar el aeropuerto me dijo que pernoctaríamos en Los Ángeles dos noches. Su sobrino era el encargado de nuestros gastos, así es que yo no tenía nada de que preocuparme. Esa noche al estar cenando en el restaurante del hotel, se acerco la dueña y nos presento a su hija que hablaba español, la chica tenía un novio que llegó un rato después, el era dueño de un pequeño yate que tenía anclado en la marina, frente al hotel y nos invitó a ir a pescar al día siguiente.

Bueno, llegó el día que salíamos de Los Ángeles hacia Alburquerque, preparé todo: combustible necesario, plan de vuelo, reporte meteorológico, comisariato a bordo y esperamos a que llegara Don Fausto junto con el teniente coronel Guinchard. Ya con todo a bordo, encendimos los motores, mi copiloto solicito instrucciones de carreteo y salimos hacia la pista de despegue, ya casi para llegar a despegar, me pregunta Don Fausto: “Capi, ¿Ya sabe a donde vamos?” A lo que le contesté: “Si, a Alburquerque?” entonces él me dijo: “Se me olvido decirle anoche que ahora vamos a SEDONA, olvídese de Alburquerque” En ese momento estaba iniciando la carrera de despegue el avión que me antecedió durante el carreteo. “¿Adonde, SEDONA, donde queda eso?” a lo que Don Fausto me dijo: “No se, usted es el capitán” en eso escuche por la bocina del avión la autorización para despegar. “Por lo menos me podría decir en que estado queda SEDONA” “Creo que es Arizona” me dijo con mucha calma mi pasajero. Mi mente en ese momento se revolucionó igual que la turbina Air-Researh del MU-2 a 42,350 RPM. Y mi decisión fue despegar, hacer el ascenso autorizado, y en el primer fijo que debería reportar, solicitar el cambio de ruta por radio, y así tendría tiempo de buscar a la pista de SEDONA en Arizona y cancelar mi vuelo a Alburquerque Nuevo México. La nueva ruta por instrumentos autorizado por el Centro de Control Los Ángeles fue de ese fijo al VOR de Presscot, cancelar ahí y proceder visual a SEDONA para aterrizar en su pista.

Esta era una pequeña pista encima de una loma, lo único que tenía era un pequeño radio UNICOM y un cono de viento.  

¿PORQUE NO HABLAR DEL 201?


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 

Yo me siento orgulloso por haber obtenido unas alas que siempre lucí con decoro sobre mi pecho. Sobre todo cuando estaba al mando de unos controles de vuelo. Es por eso que me atrevo a hablar de nuestro glorioso Escuadrón Aéreo de Pelea 201.

Una vez declarada la guerra, al eje Berlín-Roma-Tokio, el presidente de la República General Manuel Ávila Camacho, nombró al ex- presidente General Lázaro Cárdenas del Río como Secretario de la Defensa Nacional.

Tanto el Presidente como el Secretario no quería que sangre mexicana se derramase durante el conflicto mundial. Las presiones del gobierno yanqui y su presidente Rooselvet obligaron a éstos, a tomar la decisión de mandar a un contingente, formado por: “UN SELECTO GRUPO DE MILITARES PROFESIONALES” Y así lo dijeron, el cual: “REPRESENTARÁ AL EJÉRCITO MEXICANO”

Este honor recayó sobre los elementos de nuestra Fuerza Aérea, formándose así: “El grupo de Perfeccionamiento de Aeronáutica” tomando como base al Escuadrón de pelea 201.

Este grupo se compuso por un jefe, 42 oficiales y 249 individuos de tropa. Las especialidades escogidas para este fin fueron: Pilotos aviadores, armeros, mantenimiento, radio operadores, intendencia, operaciones, inteligencia, servicios médicos y un contingente de materiales de guerra. Todo este personal estuvo bajo el mando del coronel piloto aviador Antonio Cárdenas Rodríguez.

El 16 de julio de 1944, pasó revista de entrada en el aeródromo nacional de Balbuena este grupo. El 21 recibieron la visita del Presidente de la República Ávila Camacho y del Secretario de la Defensa Nacional. Del discurso del presidente me atrevo a resaltar: “...Yo sé del entusiasmo con el que todos se aprestaron a solicitar formar parte de este escuadrón. Les tocó a ustedes la suerte de ser seleccionados y por ello deben de estar orgullosos de portar esas ALAS EN EL PECHO que los distingue como integrantes de la Fuerza Aérea. No se les olvide, que son los depositarios de la dignidad de la patria y del ejército. Estoy seguro que siempre llevarán muy en alto a la bandera del pueblo mexicano...”

El 24 de ese mismo mes, salió el contingente de la estación de Buenavista hacia Nuevo Laredo, para de ahí trasladarse a la base aérea de Randolph Field en San Antonio, sede de un centro de adiestramiento de la Fuerza Aérea de los Estado Unidos. Quiero mencionar que el grupo de pilotos aviadores recibió un adiestramiento especial en la base aérea de Pocatello, Idaho.

El traslado al teatro de operaciones en las Filipinas se llevó a cabo desde el puerto de San Francisco a bordo del buque de transporte Fairisle.

El escuadrón 201 voló en aviones de tipo cazabombardero Republic P-47 conocidos como los Thunderbolt, equipados con un motor Pratt & Whitney R-2800, radial de 18 cilindros con una potencia de 2000 caballos de fuerza. Este avión estaba artillado con ocho ametralladoras de o.5 pulgadas y podía ser cargado con bombas de hasta un peso de 1,200 kilos. Los aviones fueron decorados con las insignias de la USAF y de la FAM, una en cada ala. El triangulo de la FAM en el fuselaje y los colores de la bandera nacional en el timón vertical.

El Escuadrón Aéreo de Pelea 201 participó en un total de 58 acciones de combate, de las cuales 52 fueron al norte de Luzón, una misión de bombardeo sobre Karenko y cinco patrullas de largo alcance sobre la isla de Formosa, hoy Taiwán.

Por último permítanme transcribir, lo que en una revista Life de esa época, salió publicado: “...debemos de reconocer que los japoneses pelean con valor fanático y salvaje, por eso son temibles, pero hemos visto a los mexicanos del Escuadrón 201 pelear con tal arrogancia y con tan poco aprecio a la vida, que si no los hubiéramos visto sonreír en los momentos más crueles de la batalla, pensaríamos que también eran fanáticos y suicidas como los nipones...”

ASI ME LO CONTARON


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 


Acababa de llegar a la ESCUELA MILITAR DE AVIACIÓN, yo era un vil potrote, y no se si fue para desanimarme, o para que se me formara un buen criterio. Yo veía despegar al poderoso avión AT-6, el ruido de su motor era dulce melodía para mis oídos, cerré los ojos y soñé, y un cadete del avanzado me dio un tablazo y me comentó:

-No sueñe con esos aviones potro, el que vuela un Texano ya sabe que si su avión entra en barrena, abajo estará un cerro de paja esperándolo. Lo miré extrañado, sobándome de el tablazo y continuó diciendo: -El año pasado a un avanzado, le sucedió que por gritar dentro del avión lo arrestaron. Él iba solo, y estaba practicando la maniobra de BARRENAS, para esto usted debe de tener la altitud adecuada, debe de poner un ascenso ligero y desacelerar totalmente su avión, la mano derecha va sobre el bastón de mando y con la izquierda se agarra usted del acelerador, en su gorra de vuelo usted lleva conectada la pastilla de su micrófono y en la palanca del acelerador está un botón que sirve para transmitir su comunicación con la torre de control, de esta manera, cuando usted se quiere comunicar, solo basta que apriete el botón del acelerador y hable por la pastilla que trae su gorra de vuelo. Pues este cadete inició su barrena: desaceleró, puso su ascenso y sin darse cuenta, apretó el botón del micrófono y empezó a hablar y a decir: Así avioncito lindo, entra muy despacito a la barrena, así chiquitito, así bonito, hazlo rico. Y cuando el avión iba a entrar en el Stall, sumió hasta lo más hondo el pedal derecho iniciándose la barrena y sin soltar el botón del radio, el cadete empezó a gritar: PONGAN PAJA...... y el oficial que estaba vigilando desde la torre de control tomó su radio y dijo: ESE CADETE QUE PIDE PAJA, TIENE UNA ORDEN DE ARRESTO. Hubo un pequeño silencio y el AT-6 iba saliendo de la barrena y el cadete sólo alcanzó a decir: BUENO, QUITEN LA PAJA.

jueves, 30 de abril de 2009

EL RUMBO CORRECTO


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 
Es un gran placer sentarme en la computadora y ponerme a escribir, escribir pensamientos, reflexiones, cuentos, novelas, ensayos, poemas y todo aquello con lo que sueño por las noches, lo que sueño despierto y dormido. Ahora a los 67 años de edad, mi vida es una película, donde los reciuerdos, anécdotas, historias. Así es que para todos los compañeros de la Fuerza Aérea Mexicana que puedan leer este blog, los invito a mantener siempre EL RUMBO CORRECTO....
Al iniciar mi vuelo
la estrella de la tarde,
es una clara llamada
para las alas de mi nave.

Ojalá que una suave brisa
sin grandes nubes ni fuertes vientos,
hagan que vaya yo elevándome
del inmundo suelo que me asfixia.

El crepúsculo se ha iniciado
y después de eso ¡La oscuridad!
un tenue reflejo en mi cabina
me indica que voy en la ruta trazada.

De mi tiempo y mi espacio
el aire me llevará muy lejos,
esperando ver de nuevo cara a cara
a éste Dios que me lleva por el rumbo correcto.

MI CORONEL, SOLICITO QUE EL BATALLÓN


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 


A principios de 1972, sin dejar de pertenecer al Escuadrón de Material Aéreo de transporte Ejecutivo, EMATE, y ostentado todavía el grado de teniente, pasé comisionado al Hangar del Secretario de la Defensa. Mientras llegaban las órdenes para irme de copiloto del Jetstar, cosa que no sucedió, pues termine yéndome a San Angelo Texas, junto con el General Julio Cal y Mayor para tomar el curso del MU2J, recoger el avión y trasladarlo a la ciudad de México.

En la mañana del 3 de Febrero estaba nombrado como piloto de alerta en el equipo DC-3 del EMATE, siendo las 09:30 horas cuando me informaron que me presentara con el comandante Mayor Raúl Maciel Peña, para recibir órdenes de preparar el avión y esperar al Coronel Francisco Quiroz Hermosillo, comandante del Batallón de Policía Militar. La misión era llevar al Coronel y tres pasajeros más al aeropuerto de Morelia Michoacán, se me informó que hiciera el plan de vuelo en la oficina de despacho de la Plataforma Militar, y con la tripulación designada, esperáramos al Coronel Quiroz al pie del avión y despegáramos hacia Morelia.

Alrededor de las 11:00 horas nos estábamos estacionando frente a la terminal del aeropuerto y ya con los motores apagados, bajó el Coronel Quiroz, tuve que correr detrás de él para preguntarle que íbamos a hacer, saber si pernoctábamos para cambiar el avión de lugar. A lo que él contestó “No mi Teniente, espere con su avión donde lo dejó, creo que regresaremos a la ciudad de México en una hora a lo sumo.

Fui a la oficina de despacho, cerré el plan de vuelo y le avisé al comandante del aeropuerto que tenía que esperar al Coronel para regresar a la ciudad de México. El me dijo que le habían hablado de la Zona Militar de Morelia donde le solicitaron todas las facilidades para el DC-3 y su tripulación.

Por lo tanto el copiloto y yo entramos al restaurante a tomarnos un café. Estando sentados vi que llegó un batallón de soldados y los empezaron a colocar alrededor del avión, el mecánico y al radio operador vigilaron que todo fuera normal. En eso se acercó un Teniente Coronel Médico y me preguntó que si yo sabía a quien iba a llevar de regreso a México. Yo pensé que a lo mejor era un General muerto y que por eso estaba el batallón alrededor del avión, para rendirle un homenaje.

Fue una gran sorpresa cuando me dijo: “No mi teniente. Va a llevar el cadáver de Genaro Vázquez, quien murió en mal estado físico esta madrugada, como consecuencia del acoso por los soldados del ejército en un accidente automovilístico en la carretera México-Morelia. Decir acoso es mejor mencionar que fue acribillado a balazos y se salvó la hija de nombre Consuelo que le acompañaba en esa emboscada ésta madrugada en un choque en la carretera”

Mi mente trabajó a velocidad de crucero del Jetstar, y salí para preguntar por el comandante del Batallón, era un Coronel chaparrito del cual no recuerdo su nombre. Me presenté ante él y le dije: “Mi coronel, soy el teniente Francisco Lavín, piloto del DC-3 de la Fuerza Aérea que esta frente a nosotros, y me están informando que voy a llevar de regreso a la ciudad de México al cadáver de Genaro Vázquez y a su hija Consuelo que va muy mal herida. Y que usted es el comandante del batallón aquí presente” El Coronel me contestó: “Así es mi teniente, ¿por qué la pregunta?”

“Con todo respeto Señor, entonces permítame decirle que a mi no me sirve de nada, que el batallón se mantenga formado alrededor del avión, aquí en la plataforma” le contesté yo. “Y eso a mi que diablos, teniente” Tomando aire y tratando de decir con aplomo las cosas, le contesté: “Mi Coronel, solicito que riegue a todo el batallón, a todo lo largo de la pista, a ambos lados de ella, y mirando hacia fuera de la misma, cuidando que el carreteo del avión hasta la cabecera sea seguro, no quisiera recibir alguna ráfaga de alguno de sus seguidores”

En menos de cinco minutos, toda la pista del aeropuerto de Morelia estaba seguro con un batallón vigilante.

Llegó el Coronel Quiroz con el cadáver de Genaro, con la hija Consuelo que iba herida, algunas armas recogidas del vehículo que chocó Vázquez. En cuanto todo estuvo abordo, después de echar a andar los motores y hacer las pruebas correspondientes despegamos con rumbo a México.

Después de aterrizar en el Aeropuerto de la Ciudad de México, y estar entrando en la Plataforma Militar, detecté una camioneta de Televisa con una cámara encima del techo. Le avisé al Coronel Quiroz y me dijo que nos teníamos que ir a otro lugar, pues él no quería publicidad porque esas eran las órdenes que llevaba del Secretario de la Defensa. Entonces se me ocurrió llevar el avión hacia el Hangar de la Presidencia, las plumas de entrada a la plataforma de estacionamiento del Hangar estaban abiertas, los soldados que estaban de guardia no esperaban ningún avión del Hangar Presidencial, pero vieron que a un DC-3 de la Fuerza Aérea lo seguían algunos vehículos con reporteros, viré al avión 180º y sacando la cabeza por la ventanilla, les grité a los soldados: “Déjenlos entrar, luego yo voy a salir de nuevo, entonces deténgalos hasta que me haya ido” 

Llegué de nuevo a la Plataforma Militar y en ese momento entraban los vehículos del Coronel Quiroz, todavía no terminaba de limpiar el avión, cuando ya el Coronel junto con el cadáver de Genaro Vázquez habían desaparecido de la plataforma.

Un rato después llegaron corriendo todos los reporteros y me comenzaron a preguntar muchas cosas, a las que yo contesté que no sabía nada, que no sabía mi nombre, que estaba loco y cuanta barbaridad se me ocurrió.

Esa noche, en el noticiero de Jacobo Zabludovski informaba, que un teniente, según datos obtenidos en la Plataforma Militar del aeropuerto Internacional Benito Juárez, no quiso dar su nombre pero se sabe que se apellidaba Lavín, decía que estaba loco y que no sabía nada, pero en Televisa sospechaban que lo que yo había transportado era al cadáver de Genaro Vázquez.

miércoles, 29 de abril de 2009

MI AFICION POR LAS ESTAMPILLAS


Éste, es un reconocimiento personal, a mi Profesión, a la Fuerza Aérea Mexicana, a mis compañeros, a la Escuela Militar de Aviación que me formó, al Colegio del Aire que me cobijó en la Basé Aérea de Zapopan, y a muchas aventuras que viví con... LAS ALAS EN MI PECHO. 


Así es amigos, todos tenemos un vicio y el mío es el de coleccionar estampillas. Soy coleccionista, no me considero filatelista, pues no tengo tiempo para estudiar las características físicas de cada una de las piezas que tengo, imagínense, mi colección sobrepasa de las 250,000 piezas, casi la mitad de éstas estampillas, las tengo guardadas en setenta y cinco albums, pero si puedo reflexionar como ha intervenido la aviación en el correo mexicano. 

Fue la compañía Mexicana de Aviación la que en 1928, a escasos cuatro años de su fundación la que inició el transporte del correo aéreo, con un avión Fairchild monomotor de 450 caballos, tripulado por el capitán Edward Snyder, cubriendo la ruta: México-Tuxpan-Tampico. Como pasajeros, entre otros abordaron el avión, el General Eduardo Hay, Subsecretario de Comunicaciones y Obras Públicas. El Ingeniero Guillermo Villasana, Jefe del departamento de aviación civil y el señor Rodolfo Becerra Soto director del correo de México.

Cuentan que al día siguiente ya para regresar de Tampico a México, Don Rodolfo Becerra estaba muy nervioso porque se acercaba la hora del despegue: 07:00 horas de la mañana y el General Eduardo Hay no llegaba. Entonces el piloto Snyder le pregunto al director del correo si se retrasaría la salida, a lo que el señor Becerra le dijo: “La rígida disciplina postal dispone que el correo nunca se debe de retrasar, porque siempre el correo es primero”

A partir de entonces, el Servicio Postal Mexicano, ha hecho uso de todas las compañías de aviación, para mover toda la correspondencia que la ciudadanía confía en sus manos.

Es por eso, que dentro de mi colección tengo en un apartado del tema de aviación, las estampillas del correo aéreo de México.

Por cierto, en los festejos del día de la Fuerza Aérea que se llevaron a cabo en la Base Aérea número nueve, cuando fue comandante mi General Roberto Huicochea me pidió que montara una exposición de timbres aéreos, con todos los aviones del mundo.

Que dicha tan grande, es la de poder hermanar mis aficiones por el vuelo y las estampillas.

Todavía recuerdo, cuando en la sala de oficiales del hangar de la Secretaría de la Defensa, estaba yo, en mis tiempos libres, formando montoncitos de mis estampillas por países y por temas encima del escritorio. Se acercaba por detrás de mí el General Julio Cal y Mayor y le soplaba con fuerza a los montones, y las estampillas volaban por todos lados.