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martes, 17 de julio de 2018

LAS SINFONÍAS




Sinfonía: pieza musical que consta de al menos, de cuatro movimientos, a saber: “allegro, scherzo, minué y rondó” (puede tener más o menos, dependiendo, pero eso es lo normal). Haydn, Gustav Mahler, Anton  Bruckner, Jean Sibelius, Mozart, y Beethoven, todos ellos crearon grandes sinfonías. Paralelamente, un vuelo tiene los siguientes “movimientos”: despegue, ascenso, crucero, descenso y aproximación y aterrizaje. Todo debe ser ejecutado de acuerdo a una “partitura” o a un “plan de vuelo” (como quieran).

Me llama particularmente la atención el hecho de que una sinfonía está diseñada para que un equipo (en este caso la orquesta) la desarrolle, igual, ni más ni menos que un vuelo, sea del tipo que fuere, puede tratarse de un avión monomotor, de un vuelo de placer, de un vuelo de instrucción, de una misión militar, de un vuelo comercial con pasajeros, de un vuelo con carga, o de ayuda humanitaria,  de un vuelo ejecutivo o transportando al presidente de un país lejano (aunque a muchos presidentes no les guste por considerarlo un gasto estrafalario)  o simplemente de un vuelo para aplicaciones agrícolas, en pocas palabras, de un fumigador. Atrás de cada uno de esos eventos, por simple que parezca, existe un gran equipo que vigila, supervisa y ayuda a que todo salga bien.  Eso sí, una vez en el aire todos compartimos el mismo cielo sin que nadie se preocupe de dónde venimos, en que escuela estudiamos, quien fue nuestro instructor, o de cuanta experiencia u horas de vuelo tenemos, allá arriba, todos somos iguales y nos afectan las mismas reglas y los mismos fenómenos. El tamaño de nuestro avión, la potencia de los motores, la cantidad de equipo que traigamos, la cantidad de horas de vuelo en la bitácora, nada, absolutamente nada le interesa a la madre naturaleza. Por eso debemos de ser humildes. La naturaleza no reconoce colores o sabores, ella solo hace su trabajo y nada más y si alguien de nosotros nos atravesamos en su camino, irremediablemente nos cobra un precio, a veces muy alto, pero no perdona ningún error.

Algunos como se dice nacemos o llevamos “la música por dentro” como el caso único de Wolfang Amadeus Mozart que desde muy pequeño dio muestras de una maestría superior para la música elevándola a regiones sublimes. A propósito, la palabra “música” proviene de “musa” por la diosa Euterpe, y que consiste en una  sucesión de sonidos modulados para recrear el oído, naturalmente y dependiendo del estado de ánimo a veces preferimos escuchar determinado tipo. A las notas de un son jalisciense, o para mi escuchar la banda sinaloense de Don Cruz Lizárraga,  sentimos hervir la sangre, y nos ponemos alegres. Los balazos y los pleitos de cantina  entre charros pueblerinos suceden solamente en las películas de Jorge Negrete, pero como mexicanos seguimos  prefiriendo la música nacional. De hecho el mariachi es ampliamente buscado e imitado en muchas partes del mundo por sus notas alegres y vivarachas.

Desde tiempos inmemoriales para mí el ir a realizar un vuelo significaba, y aún significa, participar en un ritual, si no sagrado, si envestido de la mayor seriedad. Esa es una orgullosa herencia de mi Alma Mater, en donde se me enseño a tratar y a respetar cada vuelo como si fuera una obra divina, una sinfonía si ustedes quieren, aunque esa comprensión me llegó más tarde.

Cada vuelo es diferente. Tal vez la “partitura” (manuales, Procedimientos Sistemáticos de Operación, listas de check, etc.)  sea la misma, pero las condiciones son absolutamente diferentes cada vez que nos lanzamos a esa aventura sin par y sin igual que significa el desafiar las leyes eternas de la gravedad (el vuelo). Las aves saben volar, los humanos aprendimos a volar, eso nos convierte en colegas (de las aves)  pero cuidado, no debemos confundirnos, las aves lo hacen intuitivamente, nosotros tenemos que aprender a volar, y no todos tenemos las facultades o como dice un sobrino mío de Mexicali: “con los arreos necesarios”. Para mí, un piloto nace, pero no lo sabe, tiene que descubrir esas cualidades y si nunca lo intenta jamás lo descubrirá, por eso yo les digo a los jóvenes: “si sienten el llamado del vuelo como tal, no la parafernalia económico-social que lo acompaña, inténtenlo. Como nos decía un instructor de vuelo: “Son ustedes unos diamantes en bruto, más brutos que diamantes pero los vamos a afinar”. Existen pilotos natos que ya nacen con ese don y cuando lo descubren solo el cielo es su límite. El “barón rojo” Manfred Von Richthofen, Max Immelman, Billy Bishop, Roland Garros, aquí en nuestro país tuvimos a Alberto Salinas Carranza, a los hermanos Aldasoro  a Roberto Fierro Villalobos, a Emilio Carranza y tantos otros que los siguieron y que dejaron una huella imborrable en la historia de la aviación. Desde siempre el aprender a volar es un sueño que muchos acariciamos, algunos lo llegamos a concretar, otros por múltiples razones no logran materializar esa inquietud. En Alemania a finales del siglo XIX y principios del XX, un pionero del vuelo, el ingeniero Otto Lilienthal llevo a cabo más de 2,000 vuelos en sus planeadores, estudio con mucho detenimiento el vuelo de las aves y lo que se sabía hasta entonces de aerodinámica y lo aplicó a sus diseños, sus trabajos e ingeniería eran tan buenos que no era posible encontrar un cabo suelto, el recubrimiento de las alas era de algodón encerado tan bien colocado como el cuero de un tambor. Dicen que el aire al pasar por las superficies de sus planeadores emitía notas musicales, con aquella perfección no lo dudo. El mismo probaba sus planeadores, se colocaba debajo de las alas y por medio de unos soportes para los brazos se afianzaba de uno de los largueros quedando sus piernas colgando libremente. Se subía a una colina y emprendía la carrera hacia abajo y una vez que alcanzaba la sustentación necesaria, se elevaba por los aires. El único problema de Lilienthal era el control, no tenía manera de subir o bajar o virar a un lado o al otro, solo confiaba en el balance de su cuerpo. En uno de esos vuelos se precipitó a tierra muriendo trágicamente de sus lesiones. Para mí Otto Lilienthal es el primer hombre en lograr emprender el vuelo por sus propios medios, adelantándose a muchos otros que siguieron sus pasos, tanto en Europa como en el continente americano. Hoy en día aprender a volar es muy sencillo, siempre y cuando cuente uno con los medios adecuados. Volar para el hombre no es barato, nunca lo ha sido, pero con un poco de fuerza de voluntad y perseverancia podemos lograrlo. En México existen muchas opciones para aprender a volar, una de ellas son las escuelas de vuelo civiles que imparten sus cursos, tanto en la ciudad de México como en otras ciudades de provincia. Los costos para que los engaño, son muy altos aunque cada escuela tiene planes de financiamiento. Por otro lado tenemos el medio militar a su vez con dos opciones: La Escuela Militar de Aviación de la Fuerza Aérea Mexicana, o a través de la Armada de México, aunque siguen métodos diferentes, ambas opciones requieren de un esfuerzo bastante considerable en el rango académico, dicho nivel académico es muy alto, de igual manera el curso de vuelo es muy completo y con equipos de última generación. El aspecto físico de los cadetes también es muy demandante, de manera que la enseñanza es integral. El costo económico es cero, algo a considerar. Eso sí, al finalizar sus estudios tienen que servir determinados años de servicio activo en las diversas unidades de la Fuerza Aérea Mexicana.

Los norteamericanos han desarrollado un sistema que facilita tremendamente el aprendizaje del vuelo, tan es así que nos dicen que los terroristas del 11 de septiembre aprendieron a volar sin ningún problema, en escuelas norteamericanas, si esto fuera cierto, sería una ironía. Independientemente de esos acontecimientos, en los Estados Unidos, y eso se los tengo que reconocer, consideran a la aviación como una actividad prioritaria para el avance de su país. La impulsan (a la aviación) en una forma completa, desde sus legisladores en Washington, hasta el último granjero en Oklahoma, todos consideran a la aviación como una actividad que merece el respeto y la atención nacional. Y les ha ido bien. A nivel mundial son ejemplo de cómo se debe apoyar y desarrollar esa actividad y por supuesto, sobre sale en este renglón. El sistema de Control de Tránsito Aéreo de los Estados Unidos es el mejor del mundo. Punto. Yo he tenido modestamente oportunidad de volar en varias partes del mundo y en ningún lugar me he sentido con la confianza que a los pilotos nos proporciona el sistema norteamericano de control aéreo, los controladores son absolutamente una gran ayuda para nosotros los pilotos, desde notificarnos si tenemos mal tiempo en nuestra ruta, nos sugieren las mejores desviaciones, etc. Y actualmente con los modernos sistemas de navegación GPS nos permiten seguir rutas directas a cualquier lugar de los Estados Unidos con las restricciones que imponen  ciertas áreas muy transitadas. Una verdadera hermosura.

Acá en nuestro castigado país no es tan fácil. Sin embargo los Controladores de Tráfico Aéreo mexicanos hacen lo que pueden con lo que tienen y son tan buenos como los de cualquier país de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), sin embargo la legislación aérea mexicana ( todavía de los años 50as), no les permite mucho campo de acción, y los restringe muchísimo. El sistema anticuado de rutas y radiales con Radio Faros Omnidireccionales, mejor conocidos en el medio aeronáutico como VOR´s está a punto de desaparecer, funcionó por muchos años, pero tenemos que darle paso a los sistemas  modernos y la SCT y la DGAC se niegan a aceptar estos cambios. Me da la impresión que la DGAC está dedicada a acabar con la aviación. Desgraciadamente nunca en nuestro país ha sido una prioridad apoyar y promocionar la aviación en todas sus modalidades, gobiernos van y gobiernos vienen, y todo sigue igual o peor. Esta asignatura, la de atender a la aviación, la seguimos teniendo pendiente.

Regresando a nuestro tema. Tanto una sinfonía como un vuelo común y corriente son el resultado de un trabajo en equipo, eso es muy importante. Si alguien de la orquesta desafina echa a perder el trabajo de los demás, igual sucede en un vuelo, todos deben, o más bien debemos seguir la misma partitura so pena de provocar un incidente, o más grave aún, un accidente.

Parte de la preparación de cada vuelo, al menos ese ritual me fue enseñado en la Escuela Militar de Aviación, empieza desde el mismísimo momento que uno se levanta y tender su cama, teníamos que preparar nuestro equipo de vuelo, overol, zapatos, piernera, resumen de maniobras (o ruta, en su caso), y presentarnos en la línea de vuelo con todo listo y prestigiados (bañados, rasurados y todo lo que terminará en ado). Parecerá una exageración, pero los Instructores no nos perdonaban ninguna omisión, creo sincera y orgullosamente que en mi Escuela eso sigue igual. En la EMA al vuelo se le considera una actividad primordial, como en una orquesta la ejecución de una sinfonía, ni más ni menos. He ahí para mí las similitudes. Además, el volar es algo excelso, que debe ser ejecutado con toda la entrega posible y como me fue enseñado: solo por el placer de disfrutar de ese maravilloso arte.



martes, 26 de diciembre de 2017

LA HUMILDAD



Para ser pilotos tenemos primero que aprender a ser humildes. Eso significa aceptar que como seres humanos no nacimos con alas, nos las tenemos que ganar para poder remontarnos por los aires desafiando las leyes de la gravedad. El vuelo para nosotros (los humanos) requiere de ingenio, habilidad, destreza y humildad. Si aceptamos las limitaciones de nuestros aviones, así como las de nosotros mismos y las respetamos, vamos por buen camino, pero que no llegue el momento cuando queremos rebasar los límites físicos porque el precio que debemos de pagar es muy alto, eso ya lo entendimos. Sin embargo ese principio básico lo seguimos infringiendo, inexorablemente una y otra vez. Ser un piloto humilde significa respetar lo que otros te han enseñado, significa disfrutar, aún en medio de una tormenta la magia del vuelo, la belleza sin igual de esos atardeceres que solo se pueden observar desde las alturas. Volando,  la quietud de un amanecer te puede dejar sin aliento y hacer rodar una lagrima de gratitud por presenciar las maravillas que tiene nuestro mundo, es como observar una pintura de Monet o de Van Gogh o escuchar la Flauta Mágica de Mozart.

En el interesante mundo de la aviación tenemos personas que creen ser poseedores de todos los secretos del vuelo y actúan soberbiamente en consecuencia, sin el menor respeto por los demás comportándose como si fueran inmortales. La humildad como pilotos debemos aprenderla en primer lugar de la observación de las aves, de nuestros instructores; luego de otros pilotos que ya nos antecedieron; estudiando todo lo relacionado a la aerodinámica, a la meteorología, a la navegación aérea básica, es decir a navegar sin la ayuda de instrumentos electrónicos, sin depender de un GPS, que va a resolver nuestros problemas. ¿Qué pasará si nos falla el famoso aparatito? Si la pantalla se pone en blanco, como suele suceder. Obviamente no vamos a saber qué hacer, no es exageración, está pasando todos los días. Obviamente la utilización de un GPS tiene su lado práctico, pero a lo que voy es que primero debemos aprender a defendernos nosotros solos en el aire aprendiendo con humildad a navegar como lo hacían los que nos antecedieron, y luego utilizar la tecnología a nuestro favor, de esa manera sabremos qué hacer cuando las cosas se tornen complicadas. Cuando como pilotos confrontamos alguna situación difícil y sentimos que esta fuera de nuestras capacidades y limitaciones debemos ser lo suficientemente humildes y valientes como para aceptar la realidad y dar la vuelta o detenernos (los pilotos que me están leyendo saben muy bien a lo que me refiero). Si durante una aproximación sentimos que no vamos confortables con nuestro desempeño o que los parámetros no están dentro de lo normal, humildemente aceptemos nuestros errores y efectuemos una “aproximación fallida” o si ustedes quieren: “una ida al aire” y así nadie saldrá lastimado, excepto tal vez nuestro orgullo insensato de “capitán mil horas” pero nada más. Eso sería humildad.

Vamos, el cielo no reconoce en que escuela aprendimos a volar, o quien fue nuestro instructor, o cuantas horas tiene de experiencia o en que avión volamos por primera vez, o si traemos o no un buen radar y mejor aún, de un piloto que lo sepa interpretar, con humildad, o de  cuáles son nuestras creencias religiosas y filosóficas o de qué color es nuestra piel, allá arriba todos somos iguales. Nada nos cuesta  mostrarnos humildes y aceptar la grandeza de la creación. De esa manera estaremos al menos buscando una armonía como las aves cuando planean majestuosamente entre los riscos aprovechando las corrientes ascendentes. Un alumno de aviación debe ser humilde para aceptar las enseñanzas de su instructor y ponerse a estudiar como demente. Un instructor de aviación debe ser humilde para aceptar a sus alumnos tal cual son, con sus errores y sus fallas y sus diferentes personalidades,  y tratar de enseñarles lo mejor de sí mismo. Lo peor en la aviación es un instructor egocéntrico pues no tiene nada que enseñar, igualmente lo peor sería un piloto que cree que ya lo sabe todo y se niega a aceptar renovadas enseñanzas ya que el vivir es un proceso constante de aprendizaje, aún a contra corriente de lo que dice el dicho: no hay nada nuevo bajo el sol, pero sin embargo en aviación: todos los días se aprende algo nuevo, eso es un hecho. Las primeras lecciones de humildad en la aviación las recibe uno no bien las ruedas abandonan la pista en nuestro primer vuelo, esa sensación lo vuelve a uno humilde. Es como en un velero sale uno por primera vez al mar y al sentir como el viento hincha las velas nos embargamos con absoluta humildad de esas emociones tan sublimes. A propósito; en un velero, si el viento cambia y como no lo controlamos,  tenemos que ajustar las velas, humildemente. En una ocasión despegando de Guadalajara el controlador nos autorizó una ruta totalmente estrafalaria y muy distinta a la que pretendíamos, calmadamente le pregunte si no sería mejor otra ruta, comprendió su error, lo corrigió y me dio las gracias, nadie salió lastimado. En otra ocasión platicando con uno de los pilotos sobrevivientes del Escuadrón Aéreo de Pelea 201 (capitán Amadeo Castro Almanza) sobre sus experiencias en la guerra y de cómo los considerábamos unos “héroes”, el tranquilamente me aclaró: “nunca nos hemos considerado como héroes, solamente fuimos pilotos aviadores militares que respondimos al llamado de la patria para cumplir nuestro deber, íbamos dispuestos a todo, cinco de nuestros compañeros no regresaron, eso fue todo” a eso llamo yo humildad.

La soberbia en la aviación, como en otros ámbitos de la vida diaria, solo acarrea problemas. Proviene del vocablo latino superbia o del francés orgueil que significa orgullo, altivez, altanería, arrogancia, vanidad, presunción o petulancia. Es soberbia pensar que después de un paro de motor inmediatamente después del despegue podremos regresar, es soberbia pensar que podemos atravesar una zona de actividad convectiva por muy grande y potente que sea nuestro avión. Es soberbia pensar que puedo “soltar”  (para que vuelen “solos”) a 10 alumnos simultáneamente y es soberbia que el dueño o director de la escuela me los asigne. Es soberbia pensar que somos incansables y que no nos va pasar nada si extendemos un poco más las jornadas de vuelo. Es soberbia no aceptar los consejos de otros pilotos con menos o con más experiencia que uno. El Controlador de tráfico aéreo que se cree infalible peca de soberbio. El mecánico que con solo apretar una tuerca cree que ya arreglo una fuga es soberbio. El soberbio por definición nunca reconoce sus errores. Cuando alguien lo crítica se defiende atacando irracionalmente. Nunca pide disculpas. La soberbia no debemos confundirla con el verdadero orgullo.

Por lo tanto y en vista de lo aquí esclarecido: declaramos a la soberbia como una verdadera plaga para la aviación por lo que vamos a tratar por todos los medios humanamente posibles de erradicarla. Y la respuesta es la humildad. (También se puede aplicar en la vida diaria).

Pero eso no es tan fácil como parece. Una tiene más adeptos que la otra. Veamos a nuestro alrededor y observemos como ejemplo al azar a los políticos. Una vez que se sientan en su “silla” ni quien los reconozca. Se vuelven soberbios a más no poder. Suficiente con los políticos.

Volviendo y retomando nuestro terrenal asunto: La humildad y la soberbia siempre van contrapuestas, se odian mutuamente y las podemos encontrar en todos los campos de actividad humana, no solo en los  políticos, a falta de una, la otra sale adelante, lo que si llegamos es a confundir comprensiblemente a la humildad con la decencia  (decentia significa el recato, la compostura y honestidad de cada persona). No queriendo adentrarme más en ese asunto, para mi pantanoso de la filosofía, los dejo con una última reflexión a manera de colofón:

“La humildad es aceptarse y aceptar a los demás como son, reconociendo las propias limitaciones o deficiencias sin dejarse dominar por ellas”

lunes, 20 de junio de 2016

VOLAR ES UNA SINFONÍA

Que hermosas son las reflexiones del Cap. P. A. Enrique Guerrero Osuna...



Sinfonía: pieza musical que consta de al menos, de cuatro movimientos, a saber: “allegro, scherzo, minué y rondó” (puede tener más o menos, dependiendo, pero eso es lo normal). Citaré solo unos cuantos maestros que han escrito grandes sinfonías, ya que no quiero meterme en problemas: Haydn, Gustav Mahler, Anton  Bruckner, Jean Sibelius, Mozart, y Beethoven, entre otros. 



Paralelamente, un vuelo tiene los siguientes “movimientos”: despegue, ascenso, crucero, descenso y aproximación y aterrizaje. Todo debe ser ejecutado de acuerdo a una “partitura” (PSO´s o SOP´s  o como quieran).

PSO: Procedimiento Sistemático de Operación= (lo que deben hacer los pilotos en cada uno de sus vuelos).

Lo que me llama la atención es que una sinfonía está diseñada para que un equipo (la orquesta) la desarrolle, igual, ni más ni menos que un vuelo, sea del tipo que fuere, puede tratarse de un avión monomotor, de un vuelo militar, de un vuelo comercial con pasajeros, de un vuelo con carga, de un vuelo ejecutivo o simplemente de un vuelo para aplicaciones agrícolas, en pocas palabras, de un fumigador (aunque usted no lo crea, atrás de cada vuelo, por simple que parezca, existe un gran equipo que vigila, supervisa y ayuda a que todo salga bien). Todos compartimos el mismo cielo sin que nadie se preocupe de dónde venimos, en que escuela estudiamos, quien fue nuestro instructor, o de cuanta experiencia u horas de vuelo tenemos, allá arriba, todos somos iguales y nos afectan las mismas reglas y los mismos fenómenos. El tamaño de nuestro avión, la potencia de los motores, la cantidad de equipo que traigamos, la cantidad de horas de vuelo en la bitácora, nada, absolutamente nada le interesa a la madre naturaleza. Por eso debemos de ser humildes. La naturaleza no reconoce colores o sabores, ella solo hace su trabajo y nada más y si alguien de nosotros nos atravesamos en su camino, nos derriba.

Si me preguntan, porque me van a preguntar, no sé nada de música, sin embargo con el tiempo he desarrollado un gusto enorme por escuchar la música como tal, naturalmente y dependiendo del estado de ánimo a veces preferimos escuchar determinado tipo. A las notas de un son jalisciense sentimos hervir la sangre, nos sentimos muy machos y valentones y nos da por tomar tequila, y disparar balazos sin ton ni son. Eso ya está cambiando, pero seguimos, como mexicanos, prefiriendo la música nacional. De hecho el mariachi es ampliamente buscado en muchas partes del mundo por sus notas alegres y vivarachas, igual el tequila por sus efectos inmediatos, así que combinando los dos tenemos una mezcla perfecta para la alegría. Conste que no estoy promocionando el consumo de bebidas espirituosas, simplemente tenemos que reconocer lo que más nos gusta como seres humanos.

Desde tiempos inmemoriales para mí el ir a realizar un vuelo significaba, y aún significa, participar en un ritual, si no sagrado, si envestido de la mayor seriedad. Esa es una orgullosa herencia de mi Alma Mater, en donde se me enseñó a respetar cada vuelo como si fuera una obra divina, una sinfonía si ustedes quieren, aunque esa comprensión me llegó más tarde.



Cada vuelo es diferente. Tal vez la “partitura” (manuales, Procedimientos Sistemáticos de Operación, listas de check, etc.)  sea la misma, pero las condiciones son absolutamente diferentes cada vez que nos lanzamos a esa aventura sin par y sin igual que significa el desafiar las leyes eternas de la gravedad (el vuelo). Las aves saben volar, los humanos aprendimos a volar, eso nos convierte en colegas (de las aves)  pero cuidado, no debemos confundirnos, las aves lo hacen intuitivamente, nosotros tenemos que aprender a volar, y no todos tenemos las facultades o como dice un sobrino mío de Mexicali: “con los arreos necesarios”. Para mí, un piloto nace, pero no lo sabe, tiene que descubrir esas cualidades y si nunca lo intenta jamás lo descubrirá, por eso yo les digo a los jóvenes: “si sienten el llamado del vuelo como tal, no la parafernalia económico-social que lo acompaña, inténtenlo. Desde siempre el aprender a volar ha resultado algo que involucra costos relativamente altos, a los hermanos Whrigt no les resultaron baratos sus experimentos, en Francia tampoco era fácil lanzarse a “l áir”, necesitabas un buen respaldo económico. La cosa no ha cambiado mucho, aprender a volar sigue siendo extremadamente caro, sea en un continente o en otro. En México no somos la excepción, actualmente existen dos opciones principales: escuelas en el medio civil, con muchas variantes y planes de estudio, y muy importante: un alto costo aunque cada escuela tiene planes de financiamiento. Por otro lado tenemos el medio militar a su vez con dos opciones: La Escuela Militar de Aviación de la Fuerza Aérea Mexicana o a través de la Armada de México, ambas opciones requieren de un esfuerzo bastante considerable en el rango académico y muy demandante en el aspecto físico, pero no implican ningún costo económico, algo a considerar. Eso sí, al finalizar los estudios esta uno comprometido a prestar determinado número de años de servicio, orgullosamente en las diversas unidades de la Fuerza Aérea Mexicana o de la Armada de México.

Los norteamericanos han desarrollado un sistema que facilita tremendamente ese aprendizaje, tan es así que nos dicen que los terroristas del 11 de septiembre aprendieron a volar sin ningún problema, en escuelas norteamericanas, si esto fuera cierto, sería una ironía. Independientemente de esos acontecimientos, en los Estados Unidos, y eso se los tengo que reconocer, consideran a la aviación como una actividad prioritaria para el avance de su país. La impulsan (a la aviación) en una forma completa, desde sus legisladores en Washington, hasta el último granjero en Oklahoma, todos consideran a la aviación como una actividad que merece el respeto y la atención nacional. Y les ha ido bien. A nivel mundial son ejemplo de cómo se debe apoyar y desarrollar esa actividad y por supuesto, sobre sale en este renglón. El sistema de Control de Tránsito Aéreo de los Estados Unidos es el mejor del mundo. Punto. Yo he tenido modestamente oportunidad de volar en varias partes del mundo y en ningún lugar me he sentido con la confianza que a los pilotos nos proporciona el sistema norteamericano de control aéreo, los controladores son absolutamente una gran ayuda para nosotros los pilotos, desde notificarnos si tenemos mal tiempo en nuestra ruta, nos sugieren las mejores desviaciones, etc. Y actualmente con los modernos sistemas de navegación GPS nos permiten seguir rutas directas a cualquier lugar de los Estados Unidos con las restricciones que imponen  ciertas áreas muy transitadas. Una verdadera hermosura.

Acá en nuestro castigado país no es tan fácil. Debo reconocer sin embargo que los Controladores de Tráfico Aéreo mexicanos son tan buenos como los de cualquier país de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), sin embargo la legislación aérea mexicana (de los años 50as), no les permite mucho campo de acción, y los restringe muchísimo. El sistema antiquísimo de rutas y radiales con Radio Faros Omnidireccionales, mejor conocidos en el medio aeronáutico como VOR´s está a punto de desaparecer, funcionó por muchos años, pero tenemos que darle paso a los sistemas  modernos y la SCT y la DGAC se niegan a aceptar estos cambios, quieren seguir anquilosados en sus nichos. Allá ellos.

Regresando a nuestro tema. Tanto una sinfonía como un vuelo común y corriente son el resultado de un trabajo en equipo, eso es muy importante. Si alguien de la orquesta desafina echa a perder el trabajo de los demás, igual sucede en un vuelo, todos deben, o más bien debemos seguir la misma partitura so pena de provocar un incidente, o más grave aún, un accidente.



Parte de la preparación de cada vuelo, al menos ese ritual me fue enseñado en la Escuela Militar de Aviación, empieza desde el mismísimo momento que uno se levanta, teníamos que preparar nuestro equipo de vuelo, overol, zapatos, piernera, resumen de maniobras (o ruta, en su caso), y presentarnos en la línea de vuelo con todo listo y prestigiados (bañados, rasurados y todo lo que terminará en ado). Parecerá una exageración, pero los Instructores no nos perdonaban ninguna omisión, creo sincera y orgullosamente que en mi Escuela eso sigue igual. En la EMA al vuelo se le considera una actividad primordial, como en una orquesta la ejecución de una sinfonía, ni más ni menos. He ahí para mí las similitudes. Además, el volar es algo excelso, que debe ser ejecutado con toda la entrega posible y como me fue enseñado, sin esperar ninguna retribución, solo el placer de disfrutar de ese maravilloso arte.

Desde la ciudad de Guadalajara, Jalisco, tierra que recibió a la Escuela Militar de Aviación desde hace muchos años…y sigue ahí.



Muchas gracias Enrique por tus reflexiones...

sábado, 11 de junio de 2016

EL AROMA DE LA TIERRA DESPUÉS DE UNA TORMENTA DE VERANO




Esta reflexión es del Capitán Piloto Aviador, ENRIQUE GUERRERO OSUNA, quien como siempre al igual que yo, somos dos locos de la literatura, y que voló por estas tierras. 

"De los pocos placeres gratis de la vida son los que nos prodiga la madre naturaleza. Podemos tener amaneceres inigualables aquí y allá, con un estupendo concierto de colores, atardeceres sudcalifornianos que hacen palidecer al mejor cuadro de Van Gogh, tonalidades sublimes, que cambian cada instante, además, cada tarde son diferentes, por lo que está en nosotros salir simplemente a disfrutar esas manifestaciones en todo su esplendor. La naturaleza se prodiga en estas tierras en una forma o en otra, pero cuando se ve muy agradecida es cuando recibe unas cuantas gotas de fresca lluvia. Uno tiene que transportarse a la sierra de las Cacachilas  rumbo a Los Planes para poder apreciar este  hermoso despliegue de aromas, aún en los alrededores de La Paz se puede apreciar este fenómeno que se da cada año, sin falta,

El aroma de la tierra recién regada por una tormenta veraniega tiene otra connotación para nosotros los pilotos. Uno de los mayores problemas a la navegación aérea lo constituyen las tormentas de verano. Usted las puede ver crecer esas nubes hermosas que parecen enormes catedrales efímeras, cuyas voluptuosas formas van cambiando caprichosamente, guardan en su interior una enorme energía en diversas formas, y que una vez desatadas, nada ni nadie las puede detener. Si esta uno con los pies en tierra firme, se siente de repente un cambio brusco en la dirección e intensidad del viento, las tolvaneras son su marca, en el aire se puede sentir una humedad repentina y en menos de lo que se los estoy contando, se sueltan todas las fuerzas de la naturaleza, los relámpagos hacen su aparición, a continuación viene una lluvia torrencial que reduce la visibilidad a casi cero. Esta etapa en aviación la llamamos “de madurez”, es, por decir lo menos, lo mero bueno de una tormenta. Las ráfagas de viento poco a poco se van calmando y la lluvia empieza a bajar su intensidad, claro, durante la madurez es muy frecuente encontrar la caída de granizo y que dependiendo de su tamaño es una indicativa de la intensidad de la misma. El granizo no es otra cosa que la humedad congelada y una vez convertida en hielo su peso la empuja hacia la tierra, pero las corrientes ascendentes dentro de una tormenta la vuelven a impulsar hacia niveles superiores en donde al bajar la temperatura, se vuelve a congelar y su peso la hace caer de nuevo. Este ciclo se puede repetir varias veces, dependiendo de la intensidad de la tormenta, de manera que al cortar un granizo se puede apreciar su formación en forma de cebolla, cada vez que se repite su ciclo se le forma una capa y así sucesivamente. Es común oír historias de bolas de granizo del tamaño de una pelota de golf o aún más grandes, todo depende, como acabamos de decir, de la intensidad de una tormenta. Curiosamente cuando se dan ciertas condiciones los granizos pueden “salir volando” por así decirlo varias millas fuera del núcleo principal. Así de fuerte pueden ser algunas tormentas. A estos monstruos los pilotos debemos evitarlos y sacarles la vuelta, es decir, rodearlos lo más alejado posible, de día y teniéndolas a la vista debemos alejarnos algunas  10 millas, eso es lo más recomendable, de noche o en condiciones de mal tiempo, 20 millas náuticas es una distancia más que conservadora para evitarlas. En todo caso lo más recomendable es rodearlas, si se ven o se detectan por medio del radar o cualquier otro dispositivo, debemos darles la vuelta y alejarnos de ellas.

Acá sobre la madre tierra es otro cantar. Para nosotros los pilotos no hay nada más tranquilo y satisfactorio que observar el desarrollo de esos enormes gigantes y verlos convertirse en tormentas veraniegas descargando rayos pero más que nada, lluvias torrenciales y sentir en la cara y a buen resguardo, el golpe del viento que anuncia su proximidad.

Me encantan las tormentas de verano, o de invierno, pero con los pies secos y en “tierra firme”. Lo que yo llamo “mal tiempo” me gusta verlo sentado con un buen libro y una copa de vino, entonces sí, que se desate el infierno, bastantes años lidie con ello, cedo mi lugar a los jóvenes que vienen atrás con todo el empuje de su juventud, yo me conformo con observar como la naturaleza sigue su curso, año tras año, a veces con patrones muy reconocibles, a veces con variantes que los científicos insisten en achacar al cambio climático, vaya usted a saber. Los rancheros y los marineros nos dicen que todo sigue igual, ellos saben por intuición cuando va a llover, o cuando el tiempo va a cambiar, sin tener acceso a las estadísticas que tantos quebraderos de cabeza da a los científicos.

Los pilotos y los marineros invertimos una gran cantidad de tiempo estudiando la atmósfera, eso es lógico, de una u otra forma siempre nos afecta, sin embargo, estamos muy lejos de poder hacer un pronóstico acertado. Hemos avanzado un gran trecho, actualmente es posible dar seguimiento a los huracanes cada año, y más o menos pronosticar su desplazamiento con cierto grado de exactitud, pero siempre tenemos el capricho de la naturaleza que desbarata toda expectativa.

Existe otro pequeño conocimiento de cómo se comporta el tiempo en forma local, es decir, si usted ve en el puerto de La Paz que los marineros locales salen en sus embarcaciones, puede estar seguro que habrá buen tiempo, en cambio, si los ve varados y asegurados a tierra, mejor no salga, seguro habrá “marejada”.

Los pilotos nos apegamos a datos, según nosotros, más “científicos”, es decir, nos basamos en “pronósticos meteorológicos” conocidos en el argot aeronáutico como “TAF” por aquello de: Terminal Aviation Forecast” en suma: lo que buenamente los meteorólogos esperan que ocurra en las próximas horas de acuerdo a los números y estadísticas que ellos calculan, aunque siendo sinceros como pilotos para nosotros son bastante confiables de hecho, son tan confiables que despegamos basados en esos pronósticos, lo que encontremos en la vida real a veces puede variar, pero casi siempre son acertados.

Estando en tierra en lugares como la ciudad de Guadalajara durante el verano, es común sentir el aroma de la tierra “mojada” debido al paso de alguna lejana tormenta, a veces no tan lejana, ya que si se descuida puede verse atrapado en medio de un diluvio.

Después del paso de una tormenta, el cielo queda cristalino y diáfano, los pasos a desnivel quedan, como es de esperarse, totalmente inundados, intransitables, eso en Guadalajara. En el campo, las lluvias siempre son bienvenidas y después de un “chaparrón” no pasa nada, la gente continua con sus actividades normales difícilmente interrumpidas. Esto es un ciclo que se repite cada año desde hace muchas eras geológicas, y lo más probable es que sigan repitiéndose una y otra vez. Durante una tormenta podemos distinguir claramente tres etapas: la de formación cuando las nubes se empiezan a desarrollar verticalmente, crecen y crecen. A continuación viene la etapa de “madurez” que es cuando se desatan todas las fuerzas de la naturaleza, ya que los vientos en la superficie se arrachan, son comunes las “tolvaneras” el cielo se torna negro, vienen los relámpagos y a continuación se desatan las lluvias torrenciales. Si no está uno a resguardo, esta etapa es de dar miedo, ya que se puede apreciar la violencia de la naturaleza desatada, las descargas eléctricas son un verdadero peligro, los vientos pueden llegar a arrancar árboles o los techos de las casas, las calles se inundan y todo se ve interrumpido.

Todo en el lapso de 30 minutos o menos, al poco tiempo la calma retorna, bien dice el dicho: “después de la tormenta viene la calma” todo vuelve a la normalidad y la tormenta pierde fuerza, a esta etapa la llamamos: “de disipación”, la lluvia puede continuar pero ya sin la intensidad que la precedió, las descargas eléctricas se distancian o casi desaparecen y poco a poco vuelve la tranquilidad. Es entonces cuando los aromas se desatan, el cielo se torna diáfano y cristalino y solo queda en el ambiente el recordatorio de lo poco que podemos hacer como seres humanos para controlar esas fuerzas insospechadas.

Sin embargo el aroma de la tierra mojada es un símbolo de esperanza y renovación que queda flotando en el ambiente. La tormenta ya paso y la vida debe continuar.

Los rayos son otro de los peligros, tanto en tierra como en el aire, pero ¿Qué es un rayo? todo mundo lo podemos consultar en internet, pero básicamente un rayo es una descarga súbita de energía electromagnética. Suceden u ocurren durante una tormenta cuando la tierra, que está cargada positivamente atrae la energía acumulada en forma negativa dentro de una gran nube. Cuando ese diferencial es demasiado alto, ocurren las descargas eléctricas. Lo mejor es no estar en el camino de un rayo, aunque a veces los encuentros son inevitables. A cielo abierto, por decir en un campo de beisbol, los objetos más sobresalientes, que puede ser un cuerpo humano, llaman las descargas. Los rayos tienen una contraparte, es decir, una descarga puede ser de una nube a tierra, sin embargo antes de hacer contacto se genera una descarga en sentido inverso y cuando se juntan sucede el rayo acompañada de un “flashazo” de luz muy intensa y un trueno muy fuerte debido a la súbita expansión y calentamiento del aire, si pudiéramos distinguirlo, el aire huele a ozono. Millones de volts descargados en un milisegundo. Desde el punto de vista de la aviación para mí en lo personal cuando un rayo impacta un avión significa que los pilotos se acercaron demasiado a una tormenta o zona de actividad conectiva. En realidad a los pasajeros y tripulantes dentro de un avión no les pasa nada, fuera de la encandilada y el trueno potente debido al efecto conocido como “caja o jaula  de Faraday” que no es otra cosa, en palabras necesariamente científicas que: el cuerpo del avión se convierte en un conductor en equilibrio electrostático, es decir, la corriente que recibimos es igual a 0. No pasa lo mismo si nuestro cuerpo recibe una descarga directamente ya que en ese caso la corriente si pasa a través de nuestro cuerpo a tierra produciendo daños terribles a los tejidos. Cada año mueren miles de personas impactadas por rayos. Los lugares más seguros durante una tormenta son los edificios, casas, etc., o los vehículos. No se le ocurra guarecerse debajo de un árbol.

¿En Baja California Sur corremos peligro de rayos? Afirmativo, cada año. De hecho son pocos los lugares del planeta que están exentos de este peligro. Normalmente los rayos “golpean” en partes altas, montañas, estructuras, edificios, antenas,  postes, arboles, hasta  a los animales, el hombre incluido.

Los agricultores necesitan de la lluvia, los pilotos no. Pero ambos debemos aprender a convivir con ella, al fin y al cabo es hermoso aspirar el aroma de la tierra fecundada por una lluvia de verano o recibir las primeras gotas de un chaparrón en la cara, pero, lo repito,  con los pies en la tierra"

Muchas gracias Enrique y seguimo como se dice: "ATENTOS Y PENDIENTES"




viernes, 10 de junio de 2016

ALAS DE ESPERANZA



Nuevamente, las Fuerzas Armadas son exigidas a su máximo, y si, se bien que a muchos no les agrada esta postura, pero en realidad es interesante observar como la disciplina, el esfuerzo y la fortaleza de los hombres y mujeres del ejercito permiten dar apoyo a quienes lo requieren.

Y justamente hace 31 años el ejército fue duramente criticado por su postura impávida ante la tragedia del sismo de 1985. En aquella ocasión, debo reconocerlo, nuestras fuerzas militares no sabían que hacer, únicamente montar guardias y prevenir enfrentamientos.

Pero a lo largo de todo este tiempo los miembros de esta institución, así como los altos mandos han delineado una serie de estrategias que han permitido hacer frente a situaciones realmente fuertes.

Como resultado de esta evolución de sus estrategias, se crearon el plan DN-III y el Plan Marina, que aglutinan una serie de procedimientos para poder identificar, contener y resarcir los daños provocados por cualquier agente perturbador.

Desgraciadamente, la falta de interés por fomentar la Protección Civil a nivel sociedad y el oportunismo político han facilitado que las desgracias aumenten en victimas y en costos para la federación y por ende para nosotros.Este desinterés genera que instituciones como el Ejército, Fuerza Aérea y Marina empleen los mismos recursos para todo tipo de operaciones, lo cual causa desgaste y deterioro de vehículos, herramientas y compromete la seguridad de los miembros de la institución y de las victimas.

Como ejemplo de esta situación,  tenemos el Escuadrón de Transporte Logístico 502 de la Fuerza Aérea Mexicana, compuesto por maquinas que pertenecieron a Mexicana de Aviación y vieron sus años de gloria en las décadas de los años setenta y ochenta., y cuyo mantenimiento es muy costoso ya que la línea de producción de estas aeronaves cerró a mediados de los noventa.

Los equipos a los que hago mención son los veteranos Boeing 727-100 y 200, que hemos visto desfilar o en eventos muy destacados,  acompañados por otros veteranos del aire, los F-5. Esta situación en lo personal me preocupa, ya que estas maquinas aunque aun serviciales, ya no están en su mejor momento y podrían espero que no se de el caso generar accidentes de consecuencias graves.

Otro caso es de los veteranísimos C-130 Hércules, los cuales se vieron fortalecidos en los años 2005 a 2006 con aeroplanos traídos de Inglaterra e Israel.  De aquellas maquinas solo subsisten 2 en condiciones de vuelo, el resto esperan el desguace en la base aérea de Santa Lucia en el Estado de México.

Todos estos aeroplanos que he mencionado se han convertido en los caballos de batalla para los diferentes puentes aéreos en todo el territorio nacional. En honor a la verdad, el gobierno y altos mandos tanto navales como militares han adquirido equipos de ultima generación, como los CASA 295 y el SPARTAN de Alenia, que representan un paso en la modernización de los equipos aéreos, no obstante considero que es urgente que las autoridades fijen una posición abierta a renovar al cien por ciento las flotas de aeronaves y mas aun de cargueros pesados. 

Este año el alto mando notifico sobre la salida de servicio del IAI Arava, el cual fue coequipero de los C-130 y voló en arduas misiones a lo largo de sus treinta y tantos años de servicio en el país, la pregunta es ¿Quién los reemplazara?

Sumado a esto surge otra inquietud, si únicamente tenemos dos Hércules, cinco B-727, que pasara en el futuro próximo cuando se vuelva a requerir establecer puentes aéreos en terreno nacional o internacional, recordemos el caso de Haití, como podrá ser transportada la ayuda, equipo y personal hasta las zonas siniestradas.

Espero no volver a los tiempos de Santa Anna, cuando todo se hacia a lomo de mula, no obstante la intención de esta nota no es criticar a los valientes hombres de las instituciones militares,  mas bien exponer ante quien lea este trabajo, que aunque sea uno de tantos mexicanos, esta al pendiente de las necesidades de sus fuerzas armadas. 



martes, 11 de agosto de 2015

ALAS DE ESPERANZA

Con estas breves reflexiones, "CON LAS ALAS EN MI PECHO" 



piensa que las ALAS de la FUERZA AEREA MEXICANA, son "ALAS DE ESPERANZA".



Nuevamente, las Fuerzas Armadas son exigidas a su máximo, y si, se bien que a muchos no les agrada esta postura, pero en realidad es interesante observar como la disciplina, el esfuerzo y la fortaleza de los hombres y mujeres del ejercito permiten dar apoyo a quienes lo requieren.

Y justamente hace 30 años el ejército fue duramente criticado por su postura impávida ante la tragedia del sismo de 1985. En aquella ocasión, debo reconocerlo, nuestras fuerzas militares no sabían que hacer, únicamente montar guardias y prevenir enfrentamientos.

Pero a lo largo de todo este tiempo los miembros de esta institución, así como los altos mandos han delineado una serie de estrategias que han permitido hacer frente a situaciones realmente fuertes.

Como resultado de esta evolución de sus estrategias, se crearon el plan DN-III y el Plan Marina, que aglutinan una serie de procedimientos para poder identificar, contener y resarcir los daños provocados por cualquier agente perturbador.

Desgraciadamente, la falta de interés por fomentar la Protección Civil a nivel sociedad y el oportunismo político han facilitado que las desgracias aumenten en victimas y en costos para la federación y por ende para nosotros. Este desinterés genera que instituciones como el Ejército, Fuerza Aérea y Marina empleen los mismos recursos para todo tipo de operaciones, lo cual causa desgaste y deterioro de vehículos, herramientas y compromete la seguridad de los miembros de la institución y de las victimas.

Como ejemplo de esta situación,  tenemos el Escuadrón de Transporte Logístico 502 de la Fuerza Aérea Mexicana, compuesto por maquinas que pertenecieron a Mexicana de Aviación y vieron sus años de gloria en las décadas de los años setenta y ochenta., y cuyo mantenimiento es muy costoso ya que la línea de producción de estas aeronaves cerró a mediados de los noventa.

Los equipos a los que hago mención son los veteranos Boeing 727-100 y 200, que hemos visto desfilar o en eventos muy destacados,  acompañados por otros veteranos del aire, los F-5. Esta situación en lo personal me preocupa, ya que estas maquinas aunque aun serviciales, ya no están en su mejor momento y podrían, espero que no se de el caso generar accidentes de consecuencias graves. 


jueves, 11 de junio de 2015

BELLAS REFLEXIONES

“CON LAS ALAS EN MI PECHO” recibió estas bellas palabras de nuestro compañero ENRIQUE GUERREO OSUNA alias el Charro de la XXIX generación.



“PORQUÉ PERTENEZCO A LA ASOCIACIÓN DE LA ESCUELA MILITAR DE AVIACIÓN”.



Por el Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna (Generación XXIX 1966-1969).

No. 1: Porqué representa para mí una oportunidad.
Una oportunidad de poder servir a mi país honrando a la Escuela Militar de Aviación y a la Fuerza Aérea Mexicana.



Una oportunidad de poder ayudar a la aviación mexicana con mis conocimientos y experiencia.



Una oportunidad de poder convivir con mis compañeros y de poder ayudarlos cuando ellos me necesiten.



Una oportunidad de poder hacer algo por lo cual no voy a recibir absolutamente nada a cambio, solo el inmenso placer del “deber cumplido” como me fue enseñado en la Escuela Militar de Aviación.


domingo, 5 de octubre de 2014

UNA PLEGARIA



Padre mío. Aquí estoy ante tus pies;
Soy uno más de tus hijos y posiblemente
El más  humilde de ellos.

A mí que me has dado unas alas para volar
No siendo propias sino artificiales;
Permíteme, Dios mío, seguir teniendo
El entendimiento para cruzar con ellas
El infinito azul del cielo
Y llevarlas con la misma seguridad
Con que lo he hecho de un puerto a otro.

Sígueme dando el brillo de la luz celestial
Para ver el poder de la furia de los vientos
Y de las tormentas que se abaten en el espacio,
Y que los peligros pueda aquilatar
Con la claridad que a mi mente le da
Tu poder divino.

Permíteme, Dios mío, que siga dejando este suelo
Para emprender el vuelo y llegar a él
Como hasta ahora lo he hecho,
Y que cuando Tú ya lo dispongas,
Me permitas reposar en la tierra,
Pero siempre mirando tu cielo.

Amén.


miércoles, 20 de agosto de 2014

LAS BIENAVENTURANZAS DE UN PILOTO VIEJO





Bienaventurados aquellos que comprenden mis pasos vacilantes y mis manos temblorosas…

Bienaventurados mis compañeros pilotos aviadores que no tienen en cuenta mis olvidos…

Bienaventurados mis familiares que saben que capto las palabras con dificultad, por eso procuran hablarme más alto y pausadamente…

Bienaventurados los que perciben que mis ojos, de tanto observar las nubes, ya están nublados, por eso mis reacciones son lentas…

Bienaventurados mis nietos que desvían su mirada, simulando no haber visto el café que sin querer derramé en la mesa…

Bienaventurados mis compañeros de generación que sonríen y me prestan atención cuando conversan conmigo…

Bienaventurados los que leen mis escritos y nunca me dicen: “Eso ya lo habías publicado…

Bienaventurados todos lo que se acercan a ayudarme cuando me siento o me paro, porque observan que soy un discapacitado…

Bienaventurados los que me hacen sentir que estoy vivo y no estoy abandonado…

Bienaventurados los que comprenden cuanto me cuesta encontrar fuerzas para aguantar mi edad y mi cruz…

Bienaventurados los que me alegran estos últimos años sobre la tierra…

Bienaventurados aquellos que entienden bien, el porqué ya colgué mis alas…

Bienaventurada mi esposa, que me acompaña, me sostiene, me alienta y me anima a esperar que de el último aterrizaje…

Cuando yo llegue al cielo de nuevo, a ese cielo que cruce tantas veces en mi avión, le pediré por ellos a Dios… Amén…